El árbol de las arañas

araña

Clotilde observó el árbol navideño durante un largo rato con sus cuatro pares de ojos. No le gustaban las navidades porque en las navidades los humanos no la dejaban tranquila. En realidad tampoco le gustaban los humanos, porque siempre la miraban con cara de asco, como si ella no fuera una araña bonita.
Durante el resto del año cada tanto la emprendían contra ella y el resto de las arañas de la casa, pero no con tanto empeño como en la navidades.
En las navidades, afirmaba la dueña, la casa debe estar impecable. Y acto seguido, munida de un insecticida y un plumero, emprendía una dura persecución hasta que lograba expulsar hasta la última araña.
Pero ese año parecía ser distinto. El árbol no lucía demasiado bien. Se lo veía apagado, con algunos adornos rotos y muchas ramas vacías. Y la dueña, que normalmente emprendía la batalla en contra de su especie desde bien temprano, aún no había aparecido.
-¡Alertaaaaaaa! -gritó Dorotea, la araña de la cocina-. ¡Viene con el plumeroooooo!
Mientras sus hermanas se agolpaban en la ventana para huir hacia el jardín, Clotilde quiso echar una última mirada hacia la bella tela que había tejido en su rincón.
Pero en cuanto se disponía a huir con el resto, descubrió que la dueña de casa, lejos de emprender con decisión la tarea de quitar todas las telarañas como solía hacer, se había sentado frente al árbol junto a su esposo y lo miraba con tristeza.
-Si al menos hubiéramos podido arreglar un poco mejor el árbol -suspiro ella-. Los chicos estarán decepcionados cuando lo vean tan vacío…
-Son malos tiempos, pero pronto pasarán- Ya verás que para el próximo año podremos comprar un árbol nuevo, enorme y lleno de adornos de colores – la abrazó el hombre y se fueron juntos hacia la cocina.
Clotilde los miró alejarse apenada. Y luego de pensarlo un poco, salió al jardín a pedir ayuda a sus hermanas.
Le costó convencerlas, porque todas consideraban a los humanos sus enemigos, pero finalmente accedieron y se treparon al árbol para tejer durante horas la más maravillosa tela de araña que alguna vez se haya visto, que caía desde la punta hasta los pies, sedosa y brillante.
Cuando la mujer volvió para preparar la mesa para la cena, se quedó boquiabierta, preguntándose quién sería responsable de tal milagro.
De algún modo lo supo, porque miró hacia el rincón donde se hallaba Clotilde y le dedicó, por primera vez, una sonrisa.
Aquella noche, la familia pasó la más feliz de todas sus navidades. No tenían mucho pero poseían un árbol único, el más bello del mundo.
Desde entonces, cuando llegan las navidades, en lugar de tejer sus telas en los techos y los recodos, las arañas lo hacen en el árbol. Muchas personas intentan imitar ese bello tejido con papeles de colores brillantes que colocan alrededor de las ramas. ¡Pero, como suele decir la araña Clotilde, sólo son una pobre yÁRBOL PEQUEÑO deslucida imitación!

Cuento anónimo alemán

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