Un poeta en busca de editor





Quizá les haya sucedido a ustedes algo parecido y no se hayan animado a contarlo, pero yo “lo debo contar”. Tengo a mi favor y como prueba irrefutable, el poema. En fin, sin más preámbulos paso a relatar los asombrosos acontecimientos que viví en una tarde calurosa de febrero.
¡Por quinta vez! sonó el timbre chillón de la puerta principal.
Justo en el momento en que había llegado casi a completar un crucigrama que me estaba desafiando con dos palabras que tuvieran una “r” en su comienzo y cinco letras cada una. Me levanté de la silla repitiendo mentalmente para no olvidarme “ranas”, “rocío”, “rosas”, “ramos”, “risas”, y fui a atender imaginando que era otro de esos vendedores fastidiosos que hablan rapidito y te ofrecen la última de las maravillas tecnológicas.
Mientras me acercaba a la puerta, preparaba el archisabido y amable nograciasquizáenotromomento y a la vez trataba de recordar “ranas”, “rocío”, “rosas”, “ramos”, “risas”, pero, cuando abrí, me encontré con unos ojos muy grandes y redondos que me miraban fijo y una vocecita pequeña, segura, que me decía apresurada:
-Disculpe, señora, vengo de parte de mi amigo el conejo Trap a pedirle un favor.- Y luego, un silencio prolongado. Era evidente que aguardaba una respuesta.
Yo, mientras seguía repitiendo mentalmente sin pronunciar palabra ranasrocíorosasramosrisas, miraba y recorría con asombro a esa niña parada frente a mi, vestida con cierto aire antiguo, de puntillas y falda elevada por enaguas con almidón, todo sostenido en un cuerpito delgado y alto. Y  al final, unos zapatos negros, lustrosos, aseados y ceñidos a minúsculos  pies.
En ese preciso momento, volé por los aires las palabras de mi crucigrama y hurgueteé en la memoria de dónde era que yo conocía a esta personita que esperaba una respuesta mirándome fijamente y con la firme decisión de no irse sin ella. Ya la tenía casi en la punta de la lengua, cuando me dijo:
-Buenos días, disculpe que antes no la saludé.
-Buenos días -respondí, mientras seguía esforzándome  sin resultado por recordar de dónde su presencia, me resultaba tan familiar.
-Mi nombre es Alicia… encantada…-dijo- acompañando sus palabras con una graciosa reverencia.
-Igualmente, Alicia, mi nombre es Elena.
-Sí, lo sé, yo no te conocía pero mi amigo el conejo Trap sí. Él me ha enviado a verte.
-¿Cuál es tu apellido Alicia?
-Yo me llamo Alicia, Elena. Yo soy Alicia del País de la Maravillas. Esa Alicia.
-¡Ah…ah…! -dije- y quedé como página a la que se le caen repentinamente todas las letras. ¡Era demasiado! Un personaje de la literatura universal tocaba el timbre en mi casa, y me solicitaba un favor para su amigo, ¡un conejo!
Alicia con cierta preocupación en su rostro preguntó:
-Elena… Elena… ¿te pasa algo?
-No…no, bueno, en realidad sí, -contesté apresurada- estoy algo sorprendida por tu visita, pero por favor, pasá.¿Querés tomar un té?
-¡Ohh…no! ¡Gracias! He tomado mucho té con mi amigo el conejo Trap… Todas las tardes allá, en el País de las Maravillas, con él y el conejo Blanco tomamos el té.
-Bueno, entonces quizá te gusten unos caramelos -y le tendí un platito que siempre tengo con algunos dulces.
-Te agradezco, me gustan estos de chocolate – y tomó entre todos, el más gordo y relleno que sobresalía en el plato.
-¿Y para qué te pidió el conejo Trap que vinieras a verme? – le pregunté,  tomando ya con toda naturalidad los sucesos.
-Elena, yo no sé si estás enterada de que él es un gran poeta. Escribe poesías hermosas y quiere darlas a conocer… pero como es un conejo… y yo soy un personaje creado por un escritor… necesitamos que alguien nos ayude y pensamos en vos.
-No te entiendo, Alicia, ¿Qué puedo hacer yo?
-¿Vos escribís, no es cierto? Mi amigo pensó que podrías llevar éste, que es uno de sus poemas, a tu editor para que lo publique,- y estiró su mano hacia mí, sujetando una hoja de papel color arcoiris escrita en letra gótica.
-¿A ver?
Tomé la hoja y curiosa comencé su lectura. Era un poema cándido, tierno y un poquitín disparatado.  Alicia me miraba desde sus ojos redondos con fija atención y cuando se dio cuenta que había terminado de leer me preguntó:
-¿Es bonito verdad? Trap vive aquí muy cerca, es vecino tuyo -decía mientras se incorporaba de su asiento con cierta premura- voy a comunicarle que aceptas su encargo, que lo vas a ayudar. ¡Qué contento se va a poner! Hasta luego Elena. Encantada de conoceeeer….teeee. ¡Gracias!
Y se disipó en el aire.
Yo quedé con la hoja de papel color arcoiris y su poema escrito con prolija letra gótica entre mis manos, pensando, qué diría el editor cuando le relatara lo sucedido.
Creo que es hora de mostrarles la poesía y que ustedes mismos opinen sobre las dotes de poeta del conejo Trap. Aquí va:

¿Les gustó? Mi editor aceptó publicarlo.
Ahora estoy esperando la visita de Alicia así le doy la buena noticia, y por supuesto que he preparado para recibirla un bombón gigante de chocolate como los que le gustan a ella.

TUI
Colaboración para 
La pagina de Zapam Zucum

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