La cabra Zlateh

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EN la época de Hanukkah el camino desde la aldea a la ciudad está habitualmente cubierto de nieve, pero este año el invierno había sido plácido. Había llegado Hanukkah, pero había caído poca nieve. El sol brillaba durante la mayor parte del tiempo. Los campesinos se quejaban de que el tiempo seco produciría una mala cosecha de grano invernal. Aparecieron nuevos pastos y los campesinos enviaron allí sus ganados.
Para el peletero Reuven había sido un mal año, y después de larga vacilaciónCABRA LECHERA decidió vender la cabra Zlateh. Era vieja y daba poca leche. Feyvel, el carnicero del pueblo, había ofrecido ocho gulden. Con esa suma se podían comprar velas de Hanukkah, patatas y aceite para las tortas, regalos para los niños y otros implementos de la fiesta para el hogar. Reuven dijo a su hijo mayor Aarón que llevara la cabra al pueblo.
Aarón comprendió lo que significaba llevar la cabra a Feyvel, pero tenía que obedecer a su padre. Su madre, Leah, se enjuagó las lágrimas de los ojos cuando escuchó las novedades. Las hermanas menores de Aarón, llamadas Anna y Miriam, lloraron ruidosamente. Aarón se puso su chaqueta acolchada y una gorra que le cubría las orejas, ató un cordel al pescuezo de Zlateh y se llevó dos rebanadas de pan con queso para comer en el camino. Se suponía que Aarón entregaría la cabra al caer la tarde, pasaría la noche en la casa del carnicero y regresaría al día siguiente con el dinero.
Mientras la familia se despedía de la cabra y Aarón ajustaba la cuerda en el pescuezo, Zlateh estaba quieta, con tanta paciencia y buena disposición como siempre. Lamió la mano de Reuven. Sacudió su pequeña barbita blanca. Zlateh confiaba en los seres humanos. Sabía que siempre la habían alimentado y que nunca le hicieron daño alguno.
Cuando Aarón la llevó al camino que conducía a la ciudad, pareció un poco asombrada. Nunca había sido llevada en esa dirección. Lo miró interrogativamente, como si dijera “¿Adónde me llevas?” Pero después llegó a la conclusión de que una cabra no debe hacer preguntas. Sin embargo, el camino era NIÑO CON CABRA ATADAdiferente. Pasaron nuevos campos, praderas y chozas con techos de paja. Aquí y allá ladraba un perro que venía corriendo hacia ellos, pero Aarón los espantaba con su bastón.
El sol brillaba cuando Aarón dejó su aldea. Repentinamente, el tiempo cambió. Una gran nube negra, con un centro azulado, apareció hacia el este y se extendió rápidamente por el cielo. Comenzó a soplar un viento frío. Los cuervos volaban bajo, graznando. Al principio parecía que iba a llover, pero en su lugar comenzó a granizar. Era todavía temprano, pero todo se oscureció como en el atardecer. Poco después el granizo se convirtió en nieve.
En sus doce años Aarón había visto toda clase de tiempo, pero nunca había experimentado una nieve como ésta. Era tan densa que tapaba la luz del día. En un corto rato el camino quedó completamente cubierto. El viento se hizo tan frío como el hielo. El camino hacia la ciudad era estrecho y ventoso. Aarón ya no supo dónde estaba. No podía ver a través de la nieve. El frío penetró rápidamente en su chaqueta forrada.
Al principio Zlateh no pareció preocuparse por el cambio en el tiempo. También ella tenía doce años y sabía lo que significaba el invierno. Pero cuando sus patas CABRA EN LA NIEVEse hundieron más y más en la nieve, comenzó a volver hacia atrás la cabeza y a mirar a Aarón con extrañeza. Sus ojos suaves parecían decir “¿Por qué hemos salido hacia esta tormenta?” Aarón confiaba en que algún campesino apareciera con su carro, pero no pasó ninguno.
La nieve se hizo más espesa. Caía sobre el suelo en copos grandes y oscilantes. Bajo ella, las botas de Aarón tocaron la superficie blanda de una tierra arada. Comprendió que ya no estaba en el camino. Se había perdido. Ya no sabía calcular de qué lado estaba el este o el oeste, dónde estaba la ciudad o la aldea. El viento silbaba, aullaba, levantaba los copos de nieve. Parecía como si duendes blancos estuvieran jugando sobre los campos. Un polvo blanco se levantó del suelo. Zlateh se detuvo. Ya no podía caminar. Con terquedad afirmó sus patas en la tierra y lanzó un balido, como si rogara que la llevaran a casa. Colgaban pequeños trozos de hielo en su barba blanca, y sus cuernos estaban recubiertos por la helada.
Aarón no quería admitir el peligro, pero sabía que si no encontraban refugio habrían de morir congelados. Esta no era una tormenta común. Era una ventisca tremenda. La nieve le llegaba a las rodillas. Sus manos estaban torpes y ya no podía sentir los dedos de sus pies. Se sofocaba al respirar. Su nariz se sentía ya como de madera, y la frotó con nieve. El balido de Zlateh empezó a parecerse a un llanto. Esos seres humanos en los que ella tenía tanta confianza la habían arrastrado a una trampa. Aarón comenzó a rogar a Dios por sí mismo y por el inocente animal.
Repentinamente vio la forma de una colina. Se preguntó qué podía ser. ¿Quién había apilado la nieve hasta hacer un montón tan grande? Se movió hacia allí, arrastrando a Zlateh detrás suyo. Cuando llegó más cerca, vio que era un gran montón de paja que la nieve había recubierto.
Aarón comprendió de inmediato que estaban salvados. Con gran esfuerzo cavó un camino a través de la nieve. Era un muchacho de aldea y sabía lo que tenía queCUEVA DE PAJA hacer. Cuando llegó hasta la paja, formó allí un nido para sí mismo y para la cabra. Por muy frío que estuviera afuera, en la paja siempre hacía calor. Y la paja era además un alimento para Zlateh. En el momento en que la olió, se puso contenta y comenzó a comer. Afuera seguía cayendo la nieve. Pronto cubrió el pasaje que Aarón había hecho. Pero un muchacho y un animal necesitan respirar, y ya no había aire en su escondite. Aarón hizo una suerte de ventana a través de la paja y de la nieve, manteniendo libre el paso.
Zlateh, habiendo comido, se sentó sobre sus patas traseras y pareció haber reconquistado su confianza en el hombre. Aarón comió sus dos rebanadas de pan y queso, pero después del difícil viaje estaba todavía hambriento. Miró a Zlateh y notó que sus ubres estaban llenas. Se acostó a su lado, colocándose de tal forma que al ordeñarla la leche llegaría a su boca. Era rica y dulce. Zlateh no estaba acostumbrada a ser ordeñada de esa forma, pero no se resistió. Por el contrario, parecía ansiosa por recompensar a Aarón, que la había llevado a un refugio donde las paredes, el suelo y el techo estaban hechos con comida.
A través de la ventana Aarón pudo ver algo del caos exterior. El viento arrastraba grandes montones de nieve. Estaba completamente oscuro, y no sabía si había llegado la noche o si se trataba de la oscuridad de la tormenta. Gracias a Dios, enNIÑO EN PAJAR la paja no hacía frío. La paja seca, el pasto, las flores del campo, exhalaban el calor del sol veraniego. Zlateh comió con frecuencia; mordisqueaba de arriba, de abajo, de izquierda, y de derecha. Su cuerpo irradiaba un calor animal, y Aarón se acurrucó junto a ella. Siempre había querido a Zlateh, pero ahora era como una hermana. Estaba solo, separado de la familia, y quería hablar. Comenzó a hablar con Zlateh.
-Zlateh, ¿qué piensas de lo que nos ha ocurrido?
-Maaa  -contestó Zlateh.
-Si no hubiéramos encontrado este montón de paja, estaríamos ya congelados -dijo Aarón.
-Maaa  -fue la respuesta de la cabra.
-Si la nieve sigue cayendo así, tendremos que estar aquí durante varios días -explicó Aarón.
-Maaa  -baló la cabra.
-¿Qué significa “maaa…”? -preguntó Aarón-. Sería mejor que hablaras claramente.
-Maaa. Maaa  -dijo Zlateh.
-Bien, entonces dejémoslo en “maaa” -dijo Aarón pacientemente-. Tú no puedes hablar, pero yo sé que tú comprendes. Yo te necesito a ti, tú me necesitas a mí. ¿No es cierto?
-Maaa.
Aarón tenía sueño. Hizo una almohada con un poco de paja, apoyó su cabeza y se durmió. También Zlateh quedó dormida.
Cuando Aarón abrió los ojos, no sabía ya si era de mañana o de noche. La nieve había tapado la ventana. Trató de limpiarla, pero cuando  consiguió penetrar con todo el largo de su brazo, no había llegado todavía hasta el exterior. Por suerte tenía aún su bastón y pudo abrirse paso hasta la nieve de afuera. Todavía estaba oscuro. La nieve seguía cayendo y el viento silbaba, primero con una voz y después con muchas. A veces tenía el sonido de una risa diabólica. También Zlateh se despertó, y cuando Aarón la saludó, ella contestó “maaa”. Sí, el lenguaje de Zlateh consistía sólo en una palabra, pero ésta significaba muchas cosas. Ahora estaba diciendo: “Debemos aceptar lo que Dios nos da: calor, frío, hambre, satisfacción, luz y oscuridad”.
Aarón se había despertado con hambre. Ya había comido lo suyo, pero Zlateh tenía mucha leche.
CAMINODE NIEVEDurante tres días Aarón y Zlateh se quedaron en el pajar. Aarón siempre había querido a Zlateh, pero en estos tres días la amó más y más. Ella lo alimentaba con su leche y lo ayudaba a mantenerse caliente. Lo confortaba con su paciencia. El le explicaba cuentos, y ella levantaba siempre las orejas y  atendía. Cuando él la palmeaba, ella le lamía la cara y las manos. Después decía “maaa”, y él sabía que eso significaba “yo también te amo”.
La nieve cayó durante tres días, aunque después del primero ya no fue tan espesa y el viento se aquietó. A veces Aarón sentía que nunca había existido un verano y que la nieve había caído siempre, desde que él pudiera recordar. Él, Aarón, nunca había tenido padre ni madre ni hermanas. Era una criatura de la nieve, nacida de la nieve, y también lo era Zlateh. Estaba todo tan tranquilo en la paja que sus oídos sonaban en esa quietud. Aarón y Zlateh durmieron toda la noche y buena parte del día. En cuanto a los sueños de Aarón, eran sobre el tiempo cálido. Soñaba con campos verdes, árboles cubiertos de pimpollos, arroyos claros, pájaros que cantaban. A la tercera noche la nieve había parado, pero Aarón no se atrevió a buscar su camino hacia casa en medio de la oscuridad. El cielo se aclaró y la luna brilló, formando redes plateadas sobre la nieve. Aarón cavó un camino y miró al mundo. Era todo blanco y silencioso, con sueños de esplendor celestial. Las estrellas eran grandes y cercanas. La luna brillaba en el cielo como en un mar.
En la mañana del cuarto día Aarón escuchó el sonido de campanas de trineo. El pajar no estaba lejos del camino. El campesino que conducía el trineo le señaló elTRINEO camino: no hacia la ciudad y hacia Feyvel el carnicero, sino de vuelta a la aldea. En el pajar, Aarón había decidido que no se separaría de Zlateh.
La familia de Aarón y sus vecinos habían buscado al muchacho y a la cabra, pero no habían encontrado rastro durante la tormenta. Temían que se hubiera perdido. La madre de Aarón y sus hermanas lloraban por él; su padre estaba silencioso y triste. De pronto uno de los vecinos llegó corriendo a la casa con la noticias de que Aarón y Zlateh venían por el camino.
Hubo gran alegría en la familia. Aarón les contó como había encontrado el pajar y cómo Zlateh le había alimentado con su leche. Las hermanas de Aarón besaron y mimaron a Zlateh y le dieron una ración especial de zanahorias cortadas y de pieles de patata, que Zlateh devoró con apetito.
Nadie pensó otra vez en vender a Zlateh, y ahora que el tiempo frío terminó por llegar, los aldeanos necesitaron de nuevo los servicios de Reuven el peletero. Cuando llegó la fecha de Hanukkah, la madre de Aarón pudo freír tortitas todas la noches y Zlateh tuvo su porción. Aunque Zlateh tenía su propio cobertizo, a menudo venía a la cocina, golpeando a la puerta con sus cuernos para indicar que estaba preparada para hacer una visita, y siempre era admitida. Por la noches, Aarón, Miriam y Anna jugaban al dreidel. Zlateh se sentaba cerca de la estufa, mirando a los niños y el titilar de las velas de Hanukkah.
De vez en cuando Aarón le preguntaba:
-Zlateh, ¿te acuerdas de los tres días que pasamos juntos?caldero2
Y Zlateh se rascaba el cuello con un cuerno, sacudía su cabeza de barba blanca y emitía el único sonido que expresaba todos sus pensamientos y todo su amor.

Isaac Bashevis Singer
(ver Pizarra Noticias)
Traducción: Homero Alsina Thevenet 

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