La reina de las nieves

(Cuento en siete historias)

Primera historia: El espejo y sus pedazos.

duendepintado¡Muy bien vamos a comenzar! Cuando lleguemos al fin de la historia, con seguridad sabremos más de lo que sabemos ahora. Se trataba de un duende malo, uno de los peores, era el mismo “Diablo”. Un día se lo vio de muy buen humor, porque había fabricado un espejo que tenía la propiedad de desvanecer todo lo bueno y bello que se reflejaba en él hasta reducirlo casi a nada, mientras que todo aquello que era inútil y feo, lo aumentaba y lo volvía peor. Los paisajes más hermosos aparecían como espinaca cocida, y los hombres más honestos resultaban repulsivos, o bien tenían la cabeza unida al estómago; los rostros se veían tan desfigurados que nadie podía reconocerlos; y si alguien tenía una peca, lo más seguro era que le crecía hasta cubrirle la nariz y la boca.
-Es divertidísimo  -se dijo el “Diablo”. Cualquier buen pensamiento se reflejaba en el espejo como una mueca, y entonces el duende se doblaba de risa gracias a su “artístico” invento. Todos los que asistían a la Escuela de Duendes -porque él tenía una escuela para duendes- comenzaron a decir que había ocurrido un milagro: por fin podría verse, afirmaban, la verdadera apariencia del mundo y de los hombres. Corrieron por todas partes con el espejo y al final no quedó un país ni un hombre que no hubiese sido desfigurado por él. Entonces, se les ocurrió volar hasta el cielo, para burlase de los ángeles y de Nuestro Señor. Bueno, cuanto más alto volaban con el espejo, más violentas espejodeformanteeran la muecas que éste hacía, hasta que llegó un punto en que casi no podían sostenerlo; volaron cada vez más alto, cada vez más cerca de Dios y de la ángeles. Fue entonces cuando y el espejo se estremeció de risa con tanta fuerza que finalmente se les escapó de las manos y fue a estrellarse contra la tierra, donde se partió en cientos de miles de millones, billones y aún más pedazos. Todo fue aún peor que antes, porque algunos fragmentos no llegaban a tener el tamaño de un grano de arena, y se esparcieron por todo el ancho mundo. Y si alguno de ellos entraba a los ojos de la gente, allí se quedaba, y entonces la víctima lo veía todo torcido, o bien sólo podía notar lo malo de las cosas, porque cada partícula conservaba algo del poder que había tenido el espejo. A algunos, incluso, les entró una pequeña esquirla en el corazón, lo que resultó espantoso, porque el órgano se convertía entonces en un bloque de hielo. Ciertos pedazos del espejo roto eran tan grandes que sirvieron de cristales para ventanas, pero más valía no mirar a nuestros amigos a través de ellas. Otros trozos fueron utilizados para anteojos, lo cual constituyó un verdadero desastre: cuando la gente se los ponía para ver bien las cosas y obrar con espejorotojusticia, el malvado duende se doblaba de risa, sin poder dominar su divertimento. Pero aún quedaban volando por el aire otros trozos diminutos de cristal. ¡Y… ya van a ver lo que pasó!

Hans Christian Andersen
(ver Pizarra Noticias)
Traducción: Christian Kupchik

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SELLOZZ

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