Lejos de Estambul

CASTILLO

A orillas del golfo del Cuerno de Oro vivía un noble que tenía una hija de hermosura sin par.
La muchacha parecía disfrutar de la vida sólo en los callados atajos de Estambul.
Paseaba su corazón al alba y se estremecía con el latido de un pajarito entre las hojas.
Su padre soñaba con casarla con un príncipe del reino de Judea. Muchos fueron los que llegaron a pedir su mano, ella se negó siempre.
A medida que el tiempo pasaba el padre se afligía más y más.
Una noche de estío decidió observar las estrella para conocer por ellas el nombre del príncipe que había sido destinado a la muchacha.
La congoja se derramo sobre su corazón al descubrir en los ojos del universo que ni príncipe ni noble le había sido reservado a su hija, sino un muchachito de humilde condición.
El padre decidió entonces malograr los planes de los astros. Hizo levantar en una isla una fortaleza rodeada de murallas y allí llevó a la muchacha. Siete criados, escogidos entre sus más fieles servidores, debían cuidarla día y noche.
PRINCESAInvocando el nombre de Dios, ordenó cerrar los portales de la fortaleza, echando cerrojos para que nadie pudiera entrar ni salir durante el tiempo que durara el vaticinio.
Los siete criados guardaron los pasos de la muchacha celosamente. Un centinela vigilaba desde una torre cuidando que nadie acechara por la raya del océano.
Abrumada de soledad, ella subía al tejado y entonaba unos versos que había escuchado en el mercado de Estambul:

Sinko anios va`ser 
Ke io tengo un desplazer 
Ke me quemo entre mí
sin saber de donde es

Más se acercaba el día señalado por las estrellas, más celosa se hacía la custodia.
Guardias se sumaban a más guardias.
Ojos a más ojos.
Oídos al menor zumbido.
Y así vivía la muchacha apartada, lejos de Estambul, en el confín de la tierra.
Un día aconteció que un muchachito de Safed, de humilde condición, a quien su padre había iniciado en los secretos de la Cábala, salió de su villorrio a conocer el mundo.
Tras varias horas de marcha, la noche le cayó encima. El muchacho se llamaba Zohar, estaba muy cansado, y al ver una piedra apoyó su cabeza y se durmió profundamente.
En sueños se le apareció un ángel que le sopló:
-Soy Ruaj, el aire. Despierta si no quieres morir de frío.
Zohar acomodó de mejor modo el cuerpo para recoger las palabras del ángel.MUCHACHO2 Después sólo sintió el gélido viento del desierto y tuvo miedo. Todo el cuerpo, todas las fibras de su ser, se pusieron a temblar.
Cuando oyó que el ángel pronunciaba tres palabras sagradas que su padre le había transmitido, una placidez inmensa se agolpó en su corazón.
El ángel Ruaj salió de la noche llevando a Zohar entre sus alas. Sumergido entre cielos y soles, el ángel no descendió hasta depositarlo en un tejado.
Cuando el muchacho de Safed despertó, tenía los ojos velados por la bruma del mar. El ángel ya se había ido. Creyó que estaba soñando pero enseguida se dio cuenta de que era él mismo, Zohar, quien estaba sentado sobre el tajado de una fortaleza en medio del océano, hambriento y con frío.
Al incorporarse vio a una muchacha muy hermosa que lo miraba asustada.
-No temas, me llamo Zohar. Hebreo soy del villorrio de Safed, del otro lado del mar. Salí a conocer el mundo y me prendió la noche sin albergue. El viento soplaba helado en el desierto. Apareció el ángel Ruaj y me transportó hasta este lugar. Ahora que he despertado no sé cómo salir de aquí pues el mar lo abarca todo.
Ella quedó prendada de su voz y le ofreció abrigo y alimento. Él le confesó que era hijo de escribas y que su padre lo había iniciado en la Cábala para que entrara y saliera de ella cuando quisiera. Pero que no conocía las claves que le permitirían entrar y salir del mar.
CABALAA medida que Zohar hablaba, la muchacha se iba sintiendo cautivada por sus palabras hasta que su corazón impaciente también hizo agitar el alma del muchachito de Safed y los dos celebraron ante los astros su pacto de amor.
Los siete criados, que eran tan discretos, de nada se enteraron porque continuaron haciendo guardia celosamente hasta el fin de sus días. Y, aunque el padre de la muchacha seguramente se estuvo agitando de quebrantos, su voz en esta historia ya no tiene importancia.

Perla Suez
(ver Pizarra Noticias)

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