El mal de Berta

La pequeña Berta era el orgullo de la familia. Así que nadie se preocupó cuando la directora del colegio llamó a los padres. Fue una entrevista que cambiaría la vida de todos para siempre… pero especialmente, la de Berta.

BERTA Cuando los padres de Berta fueron convocados a la escuela para hablar con la directora, no se preocuparon demasiado. Berta siempre había sido una excelente alumna.
-Seguro que nos llaman para felicitarnos otra vez -dijo el padre, Calixto, henchido de orgullo.
-¡Más bien! -coincidió su esposa Apolonia, ¿Por qué otra cosa podrían llamarnos?
Pero apenas entraron en la Dirección, supieron que algo andaba mal. La directora y las maestras los miraban con sus ceños igual de fruncidos. Berta, por el contrario ni se animaba a mirarlos.
-Será mejor que se sienten -les ordenó, cortante, la directora.
-¿Qué sucede? -quisieron saber de inmediato.
Sin decir palabra, la directora tomó unos libros de un cajón de su escritorio y se los mostró.
-Hemos pescado a Berta leyendo… esto, a escondidas -respondió con una mueca de disgusto.
Al echar una ojeada a los títulos se espantaron.
¡Mentira! -gritó Calixto- ¡Mi Berta jamás leería semejante… porquería!
Y volviéndose hacia su hija, le preguntó con dulzura:
-¿No es así, bebé?
El pesado silencio con que respondió Berta fue elocuente. A su madre le empezó a faltar el aire.
No…no puede ser…-balbuceó jadeante- No tenemos esa…clase de libros en nuestro hogar…
Berta tragó saliva y se animó a responder.
-Los…los saqué de la biblioteca pública…respondió con un hilo de voz.
El padre se puso de pie de un salto.
-¡La biblioteca pública! -exclamó- ¡Yo no pago mis impuesto para que unabiblioteca3 biblioteca permita que una niña lea estas…estas infamias!
-Tiene usted toda la razón- coincidió la directora, pero creo que no es ese el mayor problema. Porque lo peor es que los ha leído y… y según ella misma ha confesado, le han gustado.
Temblorosa, la madre tomó los ejemplares que la directora había dejado sobre el escritorio y leyó los títulos.
-Hansel y Gretel…La bella durmiente… Blancanieves y los siete enanitos…El mago de Oz…¡Pero, hija, en estos relatos siempre ganan los buenos y las brujas terminan mal! ¿Cómo pueden ser de tu agrado?
-Y…-respondió Berta con timidez-, después de todo, esas brujas se lo buscaron…
-¡Las cosas que hay que oír! -estalló Dorotea, la maestra de Maleficios Medievales-. ¡Cada vez que leo el final de esas horribles historias, se me llenan los ojos de lágrimas! ¡Pobres colegas injustamente maltratadas por esa horrible gente!
-¿Injustamente? -se envalentonó Berta- ¡Pero si a Hansel y a Gretel la bruja se los quería comer!
-¡Porque tenía hambre, pobrecilla! -replicó conmovida, la maestra de Historia de la Brujería. Y volviéndose hacia los padres de Berta, prosiguió.
-En los ciento cincuenta años que llevo como docente de la Escuela de Brujas “Gertrudis Malasangre”, jamás había escuchado semejantes horrores por parte de una alumna.
Calixto y Apolonia no podían salir de su asombro.
iMAESTRA-Lamentablemente- siguió la directora-, esto es más grave de lo que parece. Se los demostraré.
Y volviéndose hacia la niña, le ordenó:¡Ríete!
Berta se concentró unos segundos y luego empezó a reír. ¡Jijijijijiji!
-¡Aaaaahhhhhh!- se espantaron sus padres al unísono- ¡¿Qué es eso?!
-Una risa cristalina, alegre, rebosante de felicidad. Una risa, en fin, indigna de una bruja que se precie- concluyó la directora lanzando una risotada malvada y tétrica.
-Y por si no lo han notado- intervino Dorotea- ¡también le han empezado a salir rizos!
Calixto y Apolonia se acercaron a observar la cabeza de su hija y, efectivamente, descubrieron que bajo sus crenchas tiesas y paradas, propias de una bruja de buena familia, le estaban naciendo unos rulos suaves de cierto tinte rojizo. Apolonia se apartó, impresionada.
-¿Cuándo…cuándo empezó a suceder esto? -preguntó.
-Es lo que precisamente iba a pedirles que me dijeran. Por lo que sé, creo que Berta padece un caso grave de bondadisinextremis. Y me extraña, realmente, que no hayan sabido ustedes ver los primeros síntomas de esta terrible enfermedad.
-¡Bondadisinextremis! ¡Nunca lo hubiera imaginado! -exclamó Calixto y hondamente preocupado, preguntó a su esposa: ¿Tú lo habías notado?
-Bueno -dudo Apolonia-, ahora que lo pienso…hace un tiempo sucedió algo bien extraño. Íbamos por la calle cuando una niña tropezó y se cayó, y Berta, en lugar de reírse y burlarse de su torpeza… ¡la ayudó a levantarse!
-¿Y eso no le llamó la atención? -la reprendió Dorotea-. ¿Desde cuándo las brujas nos compadecemos de la desgracia ajena?
-Pero entonces…¿qué va a pasar con Berta? -preguntó preocupado el padre.
-Lo lamento mucho por ustedes, pero acá no la podemos aceptar como estudiante hasta que no vuelva a ser mala, cruel, egoísta, vengativa y envidiosa como el resto de sus compañeras. La bondadisinextremis es altamente contagiosa y no podemos permitir que se expanda una epidemia, concluyó, definitiva, la directora.
Calixto y Apolonia tuvieron que coincidir con ella. Y, sin protestar, se retiraron con su hija. En las semanas siguientes buscaron y preguntaron hasta que encontraron al mejor especialista de este mal y pidieron una cita con él.
médicoPérfido Porquizo, que así se llamaba el hechicero, revisó a Berta de los pies a la cabeza, habló largamente con ella y, cuando concluyó , les comunicó a sus padres:
-Lamentablemente, el mal está muy avanzado y no hay pócima ni contrahechizo que pueda curarlo. Y me atrevo a aventurar, la culpa es de ustedes.
Luego de una larga explicación, Apolonia y Calixto se retiraron absolutamente convencidos de que nadie más que ellos serían los responsables de que Berta, en muy poco tiempo, acabaría transformada en una niña rozagante, sonriente, feliz y, para colmo, con un cabellera rizada en lugar de las crenchas pegajosas que lucen en sus cabezas las brujas de buen ver.
Los motivos que esgrimió Pérfido eran bien simples. No habían sido buenos padres. Nunca habían castigado a su hija porque sí, sin ningún motivo. Jamás le habían prohibido hacer lo que le gustaba. Le hacían mimos desde que era bebé. Y siempre, siempre la escuchaban con atención y hablaban con ella de todo lo que le preocupaba. ¿Cómo podían esperar que se convirtiera en una buena bruja con ese trato? El gran amor que sentían por su hija, la había terminado de enfermar.
La noticia del mal de Berta no tardó en llegar a la Asociación Internacional de Brujas y Hechiceros Más Malos Que La Peste, que de inmediato expulsaron a Calixto y Apolonia como miembros activos de la congregación. Pero a ellos mucho no les importó. Para ese entonces a Berta le habían comenzado a salir alitas en la espalda. Y tanto era lo que la querían, que aceptaron el hecho de buena gana.hadita3
No tendrían una gran bruja como hija, es verdad, pero ellos se encargarían de que se convirtiera con el tiempo, en la mejor de las hadas.

Viviana Centol
(ver Pizarra Noticias)

volver a la portada
SELLOZZ

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s