La casa de los sueños

casa

Cierta mañana, Tato se despertó, se levantó de la cama y, como era normal que sucediera, se desperezó.
Buscó sus pantuflas, cosa que era normal que sucediera justo después de desperezarse. Pero no pudo alcanzarlas. Es más, ni pudo verlas. Porque al lado de la cama estaba durmiendo, de panza y con las patas abiertas, un rinoceronte gris.
Francamente, eso no era una cosa que normalmente sucediera.
rinoceronte1Tato, paralizado por la sorpresa, trató de pensar. Entonces se acordó.
Aquella noche había soñado con un bosque.
En medio del bosque había una cueva.
Dentro de la cueva había una puerta.
Abriendo la puerta había un baúl enorme.
Y dentro del baúl había un rinoceronte gris.
Tato había soñado con ese rinoceronte gris que ahora estaba de panza roncando al lado de su cama.
Se quedó mirándolo un buen rato, hasta que por fin el rinoceronte se despertó. Miró a Tato y le acarició los pies con su enorme cuerpo plateado.
Era un rinoceronte cariñoso porque no había venido de una pesadilla había venido de un sueño lindo.
Fue difícil para Tato explicarle a la familia de dónde había salido aquel rinoceronte. Y cuando sus padres lo entendieron, no les cayó muy bien.
-¿Ves? Esto te pasa por creerte demasiado los sueños -le dijo su papá.
-Cuando te digo que sos muy distraído, te lo digo porque nunca terminás de despertarte del todo -le dijo la mamá.
La única de la familia que pareció tomar con naturalidad la presencia del rinoceronte fue su abuela Lola.
abuela cocinandoApenas lo vio, se fue a averiguar en el diccionario cuál podía ser su alimento favorito.
Después, se encerró en la cocina y empezó a preparar un caldo de pasto seco a la nigeriana.
Por suerte, la casa de Tato era muy grande, así que no hubo problemas en acomodar al rinoceronte gris en uno de los garajes, justo el que estaba al lado del jardín.
La vida de Tato y su familia volvió a transcurrir con normalidad.
Una normalidad que solo fue interrumpida por los accidentes esperables de un rinoceronte  gris soñado: un plato roto con el cuerno, la alfombra verde mordida, una carrera por el pasillo…
Salvo por eso, todo continuó siendo como había sido siempre.
Una mañana, Tato se despertó, se levantó de la cama, se desperezó y, como era normal que sucediera, se puso las pantuflas. Fue directo al garaje para despertar al rinoceronte gris, cosa que desde hacía un tiempo también era normal que sucediera.
Entró apenas y sintió un ronquido.
Entró un poco más y sintió dos ronquidos a la vez.
Y eso ya no era normal que sucediera.
Prendió la luz y entonces la vio.
Al lado del rinoceronte gris, que dormía de panza y con las patas abiertas, roncaba también, con la cabeza apoyada sobre una gruesa varita, una bruja de sombrerosombrero bruja negro.
Por fin la bruja se despertó.
-Mucho gusto -le dijo a Tato..
Me llamo Catalinís, una bruja soñada por un rinoceronte gris.
Y Tato pasó de la sorpresa al entendimiento: seguramente aquella bruja de sombrero negro había sido soñada por su rinoceronte.
Y por lo amable que parecía la bruja tampoco había venido de una pesadilla, había venido de un sueño lindo.
Por supuesto, fue más que difícil para Tato explicarle a la familia de dónde había salido la bruja.
Y cuando sus padres lo entendieron, no les cayó nada bien.
-¿Ves? Esto pasa por soñar con rinocerontes que se creen demasiado los sueños -le dijo su papá.
-Sabía que ese animal gris tenía que ser tan distraído como vos. Con ronquidos así, se nota que también es uno de esos que nunca terminan de despertarse del todo -le dijo su mamá.
Otra vez, la única que pareció tomar con naturalidad la presencia de la bruja fue su abuela Lola.
Ni bien se presentaron, empezaron a intercambiarse recetas para cocinar o para curar el empacho.
La casa seguía siendo grande, así que no hubo problemas en acomodar a la bruja Catalinís en una de las piezas vacías, justo al lado de donde dormía la abuela Lola.
Pasaron los días, pasaron las semanas, y la vida de Tato y su familia comenzó de a poco a transcurrir con normalidad.
Una normalidad que solo fue interrumpida por los accidentes esperables de una bruja soñada por un rinoceronte gris:
unas palabras mágicas
que incendiaron una tortilla,
una escoba que salió volando
y nunca más apareció…
Salvo por eso, todo continuó siendo como había sido siempre.
Una mañana, Tato se despertó se levantó de la cama, se desperezó, se puso lasastronauta2 pantuflas y, como era normal que sucediera, fue directo al garaje para despertar al rinoceronte gris.
Después, fue hasta la pieza donde dormía la bruja Catalinís, para llevarle su té mágico preferido, cosa que desde hacía tiempo también era normal que sucediera.
Pero cuando quiso abrir la puerta, no pudo: algo muy pesado la trababa. Hizo fuerza, mucha fuerza, hasta que que de a poco, muy de a poquito, la fue abriendo.
No bien entró, vio a la bruja Catalinís durmiendo con un ronquido feroz, cosa que era normal que sucediera. Y apoyado contra la puerta, con un ronquido que apenas se adivinaba detrás de un enorme casco, dormía un astronauta de traje blanco.
Y, francamente, eso no era una cosa que normalmente sucediera.
Por fin, el astronauta se despertó.
-Mucho gusto -le dijo a Tato-. Mi nombre es Karl Koristif, un astronauta ruso soñado por la bruja Catalinís.
Tato entendió la situación enseguida: aquel astronauta ruso había sido soñado por la bruja de sombrero negro, que había sido soñada por el rinoceronte gris.
Y era un astronauta amable: sin duda, no había venido de una pesadilla, había venido de un sueño lindo.
Si había sido difícil para Tato explicarle a la familia la presencia de un rinoceronte gris, si más difícil le había sido explicar la presencia de la bruja Catalinís, muchísimo más difícil le resultó explicar la presencia de un astronauta ruso llamado Karl Koristif. Y cuando sus padres lo entendieron, no les cayó nada bien.
-¿Ves? Esto pasa por soñar con rinocerontes que sueñan con brujas que se creen demasiado los sueños -le dijo su papá.
-Sabía que esa bruja tenía que ser tan distraída como vos. Con esas recetas nocturnas, se nota que siempre está en la luna…¡y en una luna con astronauta y todo! -le dijo su mamá.
Y otra vez fue su abuela Lola la única que tomó con naturalidad la presencia del astronauta ruso. Ni bien Karl Koristif se le presentó, caballerosamente y con acento ruso, la abuela comenzó a bombardearlo con preguntas: “¿Cómo es el lado de la luna que no vemos?” “¿En el espacio hay que andar despacio?” “¿Se portan bien los nietos en Venus?”
Con una casa tan grande, no hubo inconveniente en acomodar al astronauta ruso en una de las piezas vacías, justo la que estaba en la terraza, con ventanas que miraban al cielo.
sirena2Y así fue como volvieron a pasar los días, pasaron las semanas, y la vida de Tato y su familia comenzó otra vez a transcurrir con normalidad. Una normalidad que solo fue interrumpida por los accidentes esperables de un astronauta ruso soñado por una bruja de sombrero negro soñada por un rinoceronte gris: un par de anteojos aplastados por una pesada bota espacial, el gato negro de Catalinís confundido con un extraterrestre…
Salvo por eso, todo continuó siendo como había sido siempre.
No hay mejor remedio que el tiempo para acostumbrarse a lo desacostumbrado, y así, con el tiempo, tanto el papá como la mamá de Tato le fueron tomando cariño al magorinoceronte, a la bruja y al astronauta.
¡Hasta se pusieron contentos cuando una mañana apareció al lado de la cama del astronauta un caballero con armadura!
Después llegaron otros soñados: una sirena ( a la que le construyeron una pileta olímpica), una reina egipcia, un navegante napolitano, un mago torpe, un tiranosaurio rex
que tenía debilidad por los bizcochitos de la abuela Lola…
Y la lista creció y siguió creciendo.
Hoy, Tato vive en una casa más grande que lo grande que era reina egipciaantes. Porque los sueños siempre agrandan todo: las ganas, la alegría y… también las casas.
Y su papá dejó de decirle que no se crea demasiado los sueños. Y su mamá no lo retó más por ser muy distraído y nunca terminar de despertarse del todo.
Tato anduvo medio desconcertado con este cambio en sus padres. Entonces, le preguntó a su abuela, que siempre tenía respuestas o sabía encontrarlas:
-¿Por qué a mis papás ya no les molestan los sueños?
-Lo que pasa que tus papás son iguales a vos -explicó la abuela, mientras le abría altiranosauriorex tiranosaurio el frasco de bizcochitos, para que no lo rompiera otra vez de un pisotón.
-¿Igual a mí? -se sorprendió Tato.
-Sí, a tus papás siempre les gustó tener sueños y que esos sueños cada mañana senavegante1 hicieran realidad.
-¿Y qué soñaron? -preguntó Tato.
-Te soñaron a vos -respondió la abuela Lola, y se fue a buscar más bizcochitos, antes de que el tiranosaurio se pusiera a chupar las miguitas del frasco.

Gabriel Sáez
(ver Pizarra Noticias)

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