El pueblo perfecto

gobernador

Este era el gobernador de un pueblo.
Un día se acercó a su puerta un hombre ciego.
-No quiero ciegos en mi pueblo -dijo el gobernador.
Y se fueron siete personas ciegas que vivían allí.
Otro día vio al cocinero. Pensó que estaba demasiado gordo y dijo:
-No quiero gordos en mi pueblo.
Y se fueron treinta gordos.
Una vez vio a una familia que pasaba por la calle y tomó una decisión.
-No quiero negros en mi pueblo.
Y se fueron quince negros.
Otro día estaba rezando y vio a unas personas con sombreritos.
-No quiero judíos en mi pueblo.
Y se fueron veinte judíos.
Una vez vio a unos chicos que jugaban en la vereda y le pareció que hacían mucho ruido.
-No quiero niños en mi pueblo.
Y se fueron cincuenta chicos y sus mamás y sus papás.
El secretario general pensó que estaba exagerando y quiso convencerlo para que cambiara de actitud.
-No quiero en mi pueblo gente que discuta.
Y se fue el secretario, su familia y todas las personas que pensaban en forma distinta a la del gobernador.
Por fin, una mañana, cuando iba para su despacho, vio un charquito en la alfombra. ¡El perro!, pensó, y en seguida dio la orden:
-¡No quiero perros en mi pueblo!
Y se fueron cuarenta perros y treinta y dos gatos que pensaban que un pueblo sinpueblo perros sería muy aburrido.
Esa noche, el gobernador se sentó en su sillón favorito.
-Este sí que es un pueblo perfecto.
A su alrededor, las calles y las casas vacías no pudieron contradecirlo.

Helena Isabel Hadida
(sin datos biografía)
PREMIO

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SELLOZZ

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