Rupelstikin

rueca

Cuentan que en un lejano país vivía un molinero. Era muy, pero muy pobre, aunque tenía un tesoro: una hija hermosa y buena a quien quería con todo su corazón. Pero también tenía un defecto que no podemos dejar de mencionar: el molinero era un hombre tremendamente exagerado. Y cuando se trataba de hablar de su hija lo era aún más. Estaba tan orgulloso de ella que, en cierta ocasión, su costumbre de exagerar sus virtudes lo hizo cometer un tremendo error.
Todo comenzó el día en que se encontró con el Rey y, sin medir sus palabras, le dijo:
-Su Majestad, tengo una hija que, además de ser muy bella, es muy habilidosa. Tanto, que puede hilar paja y convertirla en oro.
-Eso es algo digno de verse -le respondió el Monarca. Y agregó: -Si tu hija es tan hábil como dices, llévala mañana al palacio y probaremos su arte.
Inmediatamente el molinero comprendió que estaba en problemas. Pero no había manera de retractarse sin que el Rey lo castigara por su mentira. De modo que, al día siguiente, llevó a la muchacha al palacio.
descarga (1)Apenas estuvo en presencia del Rey, este la condujo hasta una habitación repleta de paja, le dio una rueca y un carretel, y le ordenó:
-Comienza el trabajo ahora. Porque si mañana por la mañana no has convertido toda esta paja en oro, morirás.
Y después de decir estas palabras, salió de la habitación. En cuanto estuvo sola frente a aquella montaña de paja, la desdichada hija del molinero comenzó a lamentarse:
-¿Qué puedo hacer yo con toda esta paja? ¿Por qué habrá dicho mi padre que soy capaz de convertirla en oro, si eso es imposible?
Y como suponía que estaba perdida, se largó a llorar desconsoladamente.
En eso oyó un ruido a sus espaldas. Se dio vuelta y vio, en medio de la habitación, a un extraño hombrecito que dando un salto le dijo:
¿Por qué lloras, niña?
-Porque mi padre le dijo una mentira al Rey. Ahora él quiere que hile toda esta paja y la convierta en oro. ¡Y no sé cómo hacerlo!
-¿Qué me darías si yo hiciera el trabajo? -le preguntó el pequeño duende.
-¿Tú podrías hacer que la paja se vuelva oro?
-Así es. Siempre que, a cambio me des algo que me interese – le propuso el extraño visitante.
-Si me ayudas, te daré mi collar -le ofreció la joven.
El hombrecito, que no medía más de cincuenta centímetros y vestía un traje y un bonete verde, estuvo de acuerdo. De inmediato se sentó frente a la rueca y unos minutos después, terminó la tarea. Había convertido la paja en un hermoso yduende brillante ovillo de hilos dorados.
Cuando a la mañana siguiente el Rey entró en la habitación y vio el carretel de oro, se asombró muchísimo.  Entonces hizo que llevasen a la joven a una habitación más grande y también llena de paja. Luego le ordenó que la hilase y la convirtiera en madejas de oro.
-Si sientes aprecio por tu vida, repite el prodigio de anoche y me casaré contigo. Pero si no lo haces, ya sabes cuál será tu destino.
La hija del molinero se quedó nuevamente sola y desesperada frente a aquella montaña de hierba seca. Tal como había pasado la noche anterior, no sabía que hacer y se puso a llorar. Hasta que volvió a sentir el ruidito a sus espaldas y apareció el mismo hombrecito.
-Conque estamos en la misma. ¿Y qué podrías darme hoy si vuelvo a sacarte de este lío? -le preguntó el duende.
-Tengo mi anillo y con gusto te lo daré si me ayudas.
El duende tomó el anillo. Después volvió a sentarse frente a la rueca e hiló toda la paja hasta convertirla en varios carreteles de finísimo hilo dorado.
Por la mañana el Rey volvió y, cuando vio aquella cantidad de oro, se alegró muchísimo. En esa oportunidad ordenó que llevaran a la hija del molinero a una habitación todavía más grande que las anteriores y le dijo:
-Si vuelves a convertir la paja en oro, mañana me casaré contigo y serás mi reina.
La hija del molinero intentó explicarle que eso sería imposible, pero el Monarca no la oyó. Y cuando se quedó sola frente a aquella montaña de hierba seca, nuevamente se puso a llorar. Entonces, por tercera vez, apareció el duendecillo y le preguntó:
-Qué tienes para darme si esta noche vuelvo a convertir la paja en oro?
-Ya no tengo nada.
-Pero cuando seas la Reina, tendrás algo que me interesa. Prométeme que me darás a tu primer hijo.
Al principio, la hija del molinero dudó. Pero luego pensó: “Quién sabe si algún día llego a tener un hijo. Lo que sí es seguro es que esta noche debo hilar toda esta paja, o moriré” Y como no se le ocurría otra forma del salir del problema, aceptó y el duende convirtió nuevamente la paja en oro.
Cuando al día siguiente el Rey entró en la habitación y vio los carreteles de oro, dio órdenes para que se organizara la boda. Ese mismo día se casó con la reyesmuchacha y así fue como la hija del molinero se convirtió en una Reina.
Los Reyes fueron muy felices y, pasado un año, nació su primer hijo. Era tanta la alegría en el palacio que la joven Reina olvidó la promesa hecha al duende. Hasta que un  día en que estaba a solas con su hijito,  el hombrecito se le apareció y le dijo:
-Majestad, vengo a buscar lo que me prometiste.
-¡No por favor, pídeme lo que quieras, pero no te lleves a mi pequeño! – le suplicó la hija del molinero mientras lloraba y se lamentaba de todas la formas imaginables.
A aquel hombrecito no le importaba su dolor. Pero como le divertía jugar con los sentimientos de las personas, le propuso:
-Voy a darte tres días de plazo. Si en ese tiempo adivinas mi nombre, te quedarás con el niño. Si no lo logras, el pequeño será mío.
La Reina no durmió en toda la noche recordando todos los nombres que había escuchado alguna vez. Y al día siguiente se los dijo todos. Pero después de oír cada uno, el duende dando un pequeño salto decía riendo:
-¡No! ¡Así no me llamo yo!
La Reina seguía con su lista:
-¿Te llamas Ruperto?
-¡No! ¡Así no me llamo yo!
-¿Te llamas Cósimo, Bruneto, Paticuso?
Y el duende saltarín volvía a responder:
¡No! ¡Así no me llamo yo!
Hasta que se fue. A la Reina solo le quedaban dos días de plazo. Entonces decidió enviar un mensajero para que averiguara los nombres de las personas que vivían cerca del palacio.
Por la noche el mensajero volvió con una enorme lista. Y cuando el duende apareció al día siguiente, la hija del molinero se los leyó. Pero después de oír cada uno, el hombrecito exclamó:
¡No! ¡Así no me llamo yo!
La Reina, desesperada, envió nuevamente al mensajero, esta vez hasta los lugares más alejados del país. Y a su regreso, este le comunicó:
-Señora, no encontré ni un solo nombre nuevo. Pero cuando estaba subiendo una altísima montaña, después de cruzar un bosque y de pasar a nado una enorme laguna, vi una casita tan pequeña que apenas era más grande que una nuez. Frente a ella ardía una hoguera y un hombrecito saltaba alrededor sobre una sola pierna, mientras cantaba:
-¡Qué triste debe estar Su Alteza, pues mañana al niño perderá! ¡Porque aunque la Reina se rompa la cabeza, el nombre de Rupelstikin nunca adivinará!
Cuando la desconsolada Reina oyó ese nombre, supo que era el que buscaba. Y cuando llegó el duende y volvió a preguntar cuál era su nombre, ella le respondió:
-¿Acaso te llamas Ricardo?
-¡No! ¡Así no me llamo yo!
-¿Y Mamerto?
-¡No! ¡Así no me llamo yo!
-¿Tal vez Sempido?
-¡No! ¡Así no me llamo yo! -exclamó el duendecillo saltarín, convencido de que había triunfado.
Entonces la Reina sonrió e hizo una última pregunta:
-¿Y podría ser que te llames Rupelstikin?
-¡Ah, solo pudo decírtelo una bruja! ¡Solo una bruja! -gritó Rupelstikin. Y como estaba furioso, dio una patada en el piso, tan fuerte, que se hundió hasta la cintura. Después tiró y tiró hasta salir y, sin dejar de protestar, se fue saltando en un solo pie hasta que se perdió en el bosque.
Nadie volvió a verlo jamás.  Y desde entonces Reina, Rey y el pequeño príncipeimages (61) vivieron felices para siempre.

Cuento Popular Anónimo.

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SELLOZZ

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