Javier, Merlinda y yo

MONSTRUO002

-A mí me gustan las películas de monstruos y no me asustan nada. Vos pareces un monstruo. ¿Lo sos?
-¿Me gustaría que me explicaras qué es un monstruo?
-¡Ah, qué vivo y… alguien como vos! Yo no sé – dijo Javier un poquito nervioso y con la sospecha de que le estaban tomando el pelo.
-No sabés, no sabés…¡Qué fácil respuesta! Yo no sé qué es un niño pero te digo que vos te parecés a uno. ¿Qué opinás? En mis tiempos -dijo, mientras sacaba una sombrilla de no se sabe qué bolsillo- estudiábamos, no como ahora, y cada palabra era obligatario que la supiéramos definir con precisión. ¿Me oíste? C-o-n  P- r- e- c- i- s- i- ó- n.
-Bueno -dije yo- no seas tan estricto con el niño ¿o debo decir estricta?
Me miró con unos saltones botones negros que casi me fulminan. Luego con voz irritada de monstrua dijo:
-¡No te metás, caracola entrometida! ¿Acaso alguien te invitó? – añadiendo luego sin darme tiempo a contestarle- Por si te quedan dudas soy mujer. ¿O es qué no ves mi preciosa silueta?   Y al tiempo que decía esto, hacía girar con calculada elegancia y coquetería su sombrilla.
Yo, la miré con más detenimiento y para no decir nada ni a favor ni en contra, me zambullí suavemente en una ola amiga que me vino a buscar. Pero como soy curiosa no me alejé demasiado. Quería saber cómo terminaría aquel encuentro singular.
-¿Con quién hablabas monstruo? -preguntó Javier.
CARACOL-Con una insignificante y entrometida caracola. Pero vamos a nuestra cuestión. Te pregunté qué es un monstruo. Estoy en espera de la respuesta.
-Ya te dije, alguien como vos.
-Por lo menos decime cómo soy yo. Así sabré por qué me pusiste ese nombre que desde ya te digo que no me gusta. ¡Mi único y verdadero nombre es Merlinda!
Javier  metió los pies en la arena tibia, flexionó sus rodillas, apoyó los codos de ambos brazos sobre las mismas, sostuvo su cabeza quieta con ambas manos y fijó la mirada atenta sobre  Merlinda.
-Sos redonda como un globo y tenés cuatro colores. Dos de los colores me gustan y dos no me gustan.
-¿Qué no te gustan dos de mis colores? ¡Qué niño desagradable! ¡Una belleza singular como la mía soportando semejantes opiniones! A mí, para que sepas, no me gustan esos alambres que tenés sobre tu cabeza, … ja…ja… Proseguí.
-El azul y el rojo fosforescentes son muy lindos, pero el celeste para mí no te pega, y el negro no me gusta porque me hace acordar a la oscuridad y algunas veces la oscuridad sí me da miedo. Lo que me encanta, Merlinda, son esas dos antenas que se te mueven para todos lados y hacen ruidos extraños. ¿Son tus oídos? Estos son los míos, ¿ves? – y Javier señaló sus orejas.
-¡Ay, qué niño tan insoportable! ¿Te creés que yo no sé cuales son tus oídos? Ya te dije que en mis tiem…
-Sh…sh…sh…-dije yo- Merlinda…
-¿Otra vez? ¿Qué sucede ahora?
-Hermosa Merlinda, no trates con tanta dureza a Javier, es un niño.
-Sí, un niño poco cortés con una dama como yo. Y por lo tanto, un maleducado.
-¿Con quién hablás Merlinda? -preguntó nuevamente Javier.
-La metenarices de la caracola. ¿No la escuchaste? ¡Atreverse a darme consejos a mí de cómo hablar con los niños! Bueno, sigamos con lo nuestro. Te gustan mis antenas, eso es muy agradable de tu parte.
-Sí, dijo Javier- que a esta altura de la conversación se había dado cuenta de queniñojugando su interlocutora era bastante veleidosa y se consideraba autoridad en materia de educación. Son hermosas también las tres piedras negras que resaltan en el rojo fosforecescente, te quedan muy bien, y esos platos playos plegables que te salen de cada costado y con uno de los cuales sostenés la sombrilla, y tus patas como de gallina, y las monedas doradas de los extremos de los dedos de las patas, y esos dos gajos de naranja por dónde parecen salir tus muy inteligentes palabras.
-Bueno -dijo Merlinda- ahora sé a qué llamás monstruo, y me gusta porque es algo bello, bellísimo, ¡muy bello!, como yo. Ha sido muy interesante nuestro encuentro. Ahora debo irme, Javier, porque este sol del mediodía afecta a mi hermosura. ¡Hasta luego criatura!
Merlinda, antes de partir, dirigió una mirada hacia dónde yo estaba.
-¡Ja! Caracola chismosa, ya escuchaste que Javier también me considera una belleza.  Luego se oyó un ¡PLOF! y mágicamente se deshizo en el aire.
Javier prosiguió con la construcción del castillo de arena, que ya mostraba cuatro torres esbeltas. Cuando su mamá lo vino a buscar quiso contarle que había conocido a una monstrua, y que se llamaba Merlinda, y que se creía muy bonita, pero…¡fue inútil! porque los grandes no creen en esas cosas y su mamá no era una excepción.
Yo aproveché para zambullirme con una ola fresquita que me llevó directo a donde estaban mis hermanas. Entonces, les conté todo lo que había visto y escuchado, pero ellas tampoco me creyeron porque sostienen que yo soy muy fantasiosa y siempre estoy inventando cuentos.IMAGEN DE FIN

TUI
(colaboración para Zapam Zucum)

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SELLOZZ

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