La piedra de hacer sopa

caldero2

Érase que se era un soldado que volvía de la guerra. LLegó un día a un pueblo. Un día en que el viento soplaba muy frío, el cielo estaba plomizo y el soldado tenía hambre. Se detuvo en una casa de las afueras y pidió algo para comer.
-No tenemos nada, ni siquiera para nosotros- le contestaron.
-¿Tenéis acaso una gran olla? -preguntó el soldado.
-Sí, tenemos un caldero de hierro.
-¿Tenéis un poco de agua? – volvió a preguntar el soldado.
-Sí, agua hay mucha – le contestaron.
-Llenad el caldero de agua y ponedlo al fuego – dijo el soldado-, pues yo tengo una piedra para hacer sopa.
-¿Una piedra para hacer sopa? ¿Qué es eso?
-Pues es una pidra con que se hace sopa -explicó el soldado-. Todos se reunieron en torno de él para ver esa piedra maravillosa.
La dueña de casa llenó la gran olla con agua y la colgó sobre el fuego.
El soldado sacó una piedra de su bolsillo, una piedra que no parecía muy diferente de las que uno puede recoger en la calle, y la arrojó a la olla.
-Ahora dejaremos que hierva -dijo el soldado.
Todos se sentaron a esperar que el agua hirviera.
aldea-¿Podrías darme un poquito de sal? -preguntó el soldado.
-Por supuesto -dijo la mujer, y sacó la sal de un tarro. El soldado tomó un puñado lleno y lo incorporó a la olla.
Todos se sentaron de nuevo a esperar.
-Un poco de zanahorias no vendrían mal a la sopa -dijo el soldado.
-¡Oh! Si es por eso tenemos algunas -dijo la mujer, sacándolas de un banquilo donde el soldado las había visto. De modo que pusieron las zanahorias en el caldero. 
Mientras en el caldero hervían los ingredientes el soldado contaba las aventuras que había corrido.
-Unas pocas patatas vendrían muy bien, ¿no les parece? -dijo en eso el soldado-. Espesarían un poco la sopa.
-Tenemos algunas papas -dijo la hija mayor de la familia-. Las traeré.
De modo que pelaron las papas y las pusieron en la olla y siguieron esperando que ésta hirviera.
-Una cebolla da muy buen gusto -dijo el soldado.
-Corre a la casa de al lado y pídele al vecino una cebolla -dijo el granjero a su hijo menor. El chico así lo hizo y volvió con tres cebollas.
Mientras todos esperaban siguieron contando chistes e historias.
-…y desde que salí de mi casa no he probado repollo -dijo el soldado.
-Corre a la huerta y arranca un repollo -dijo la madre. Y la niña más pequeña volvió con un repollo entre sus manos, que fue agregado al caldo.
-No tardará mucho -dijo el soldado.
En ese momento llegó el hijo mayor de la familia. Había salido de caza y traía dossoldado conejos.
-¡Justo lo que necesitamos para darle el toque final! -exclamó el soldado. En pocos minutos los conejos limpios y cortados estaban dentro de la olla.
Por fin la sopa estuvo lista y a todos supo muy bien. Hubo suficiente para todos: el soldado, el granjero y su mujer, la hija e hijo mayores y los dos niñitos más pequeños.
-Es una sopa maravillosa -dijo el granjero.
-Es una piedra maravillosa -dijo la mujer.
-Lo es -dijo el soldado-, y siempre os dará el mismo resultado si utilizáis la misma receta que os he dado hoy.
De modo que terminaron la sopa. Y cuando el soldado se despidió, le regaló a la dueña de casa la piedra para pagarle por su hospitalidad. La buena mujer se lo agradeció muchísimo.
-No es nada -dijo el soldado, y se fue de la casa sin su piedra.
Pero por fortuna, encontró otra justo antes de llegar al pueblo siguiente.BELGICA

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