Los regalos de Prometeo

Mitos griegos

presentacion

En las familias de dioses y titanes siempre reinaba la discordia. Era muy habitual que hubiera guerras y quisieran destronarse unos a otros. El gran Zeus venció a su padre Cronos y lo encarceló, tal como antes había hecho Cronos con su padre Urano. En esta lucha de poder, Prometeo se puso de parte de Zeus, como si supiera aquello de “más vale estar del lado del más fuerte”. Sin embargo Prometeo era tan sagaz como audaz. Sabía como tratar a Zeus, y no tenía reparos en enfrentarse a él cuando castigaba a los hombres con injustas represalias.
imagesAlgunos aseguran que fue Prometeo quien creó al hombre con barro y agua, y que esto explica el cariño que sentía por la raza humana. Una vez quiso que los hombres probaran carne tierna y sabrosa, un privilegio reservado exclusivamente a Zeus. El gran dios del Olimpo siempre se quedaba con la mejores presas sacrificadas en los templos. Así que un día Prometeo mató un buey en el altar y separó las partes. En un saco pequeño metió la carne más delicada, bien comprimida, y en un saco mucho más grande los huesos, la piel y la grasa. Fue hasta donde estaba el omnipotente y le saludó:
-¡Oh, Zeus, el más grande de todos los dioses, he venido a traerte una ofrenda! Te suplico que elijas la que más te guste.
Prometeo dejó los dos paquetes a su alcance, y por supuesto Zeus se quedó con el de mayor tamaño. Enseguida el semidiós fue a llevar su regalo a los hombre. Les enseñó cómo utilizar el fuego para cocinar, y así probaron por primera vez carne tierna y sabrosa. Pero cuando Zeus descubrió que en el paquete escogido sólo había desperdicios, se sintió burlado, y entonces lanzó un grito de cólera:
-¡De ahora en adelante se comerán la carne cruda!
Y como venganza despojó a la humanidad de uno de sus biene más preciados: el fuego.
A partir de aquel día los leños dejaron de crepitar y el frío se convirtió en la torturaimages (2) de todos los hombres. Durante la noche la oscuridad lo devoraba todo. Ya no se asaban las carnes. La raza humana conoció la miseria como nunca antes.
Prometeo se sentía culpable por haber despertado la ira de Zeus, así que fue a ver al soberano y le dijo:
-Zeus, todopoderoso, sólo ha sido una broma insignificante. Tú bien sabes que eres el más grande. Te lo suplico, no dejes a la gente sin fuego.
Pero el omnipotente todavía se sintía humillado y ofendido por la burla de Prometeo.
-Si quieres que sean tan listos como tú, enséñales a vivir sin fuego -respondió.
-De acuerdo, Zeus, tú mandas en el Olimpo y en la tierra.
Prometeo se retiró, pero más tarde regresó a hurtadillas y fue donde estaba el carro del sol. De allí robo el fuego y lo  llevó a la tierra en el tallo de un hinojo, para devolvérselo a los hombres. Cuando Zeus contemplo el resplandor de las hogueras que ardían en la tierra, volvió a estallar en un alarido:
¡Que traigan a Prometeo!
El semidiós se presentó ante el más grande de todos los dioses.
-Ya no volverás a engañarme -le prometió Zeus.
Y como venganza, lo mandó encadenar desnudo sobre una roca, en lo alto de una montaña, y ordenó a un águila que pasara a hacerle una visita diaria.
Cada día Prometeo sufría los calores y los fríos más intensos. Durante la mañana el águila venía y le devoraba el hígado, y el hígado volvía a crecer por la noche. Para cualquiera hubiera sido un tormento eterno, pero el sagaz Prometeo no desesperó, y un día se le ocurrió la manera de poner fin a su condena.
Estaba el águila alimentándose de su hígado como cada mañana, cuando Prometeo le habló:
mito-prometeo-ave-Dile a Zeus que soy el único que conoce el secreto. Alguien vendrá a destronarle, como él hizo con su padre.  Si quiere saber más, tendrá que liberarme.
El águila llevó el mensaje al dios del Olimpo, quien de inmediato mandó traer a Prometeo.
-Como intentes jugármela otra vez… -insinuó Zeus.
-Oh, todopoderoso, nada más lejos de mi intención. Tenemos un pacto y estoy aquí para cumplirlo.
Si Zeus se casaba con Tetis, la ninfa del mar, tal como tenía pensado, engendraría un hijo más fuerte que él y con toda la voluntad de derribarle algún día. Éste era el secreto que sabía Prometeo y así se lo dijo a Zeus, a cambio de su libertad.
Una vez liberado, Prometeo siguió protegiendo a los hombres y transmitiéndoles su sabiduría. Les enseñó, entre otras cosas, a estudiar las estrellas. Zeus por su parte tomó precauciones para preservar el poder y finalmente no se casó con Tetis. Así que la ninfa se acabó uniendo a un mortal, el rey Peleo, con quien tuvo un hijo que al hacerse hombre se convirtió en el héroe de la guerra de Troya: sunb nombre era Aquiles. Pero ésa es otra historia.

Adaptación del mito
Pablo Manzano

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