Los secretos del alfarero y la piedra mágica

Leyenda mapuche

COMIENZO

En la falda del Cerro Negro, vivía una alfarero muy renombrado por la belleza de sus trabajos. Le decían el Challafe. Era un hombre silencioso y muy celoso de su arte. Nunca nadie lo pudo imitar ni descubrir como lo hacía. Sus familiares decían casi en secreto que en los crepúsculos salía a buscar su arcilla en las orillad del río, pero no sabían bien dónde. Luego amasaba el barro bajo una brisa tibia que parecía el aliento de la boca.
Un día apareció un joven con la intención de casarse con la hija del alfarero. Aunque el muchacho era muy rico, el Challafe que era muy egoísta,  le negó la mano de la muchacha. Pensaba que su hija quizás conociera sus secretos y se los transmitiera al pretendiente. Por eso puso sus condiciones:
-La única forma de tener a mi hija -dijo el alfarero- es resolver todas mis adivinanzas. De lo contrario te olvidarás de ella. Vuelve mañana antes de la puesta del sol y tráeme como regalo lo que corre doce veces en círculo y luego vuelve al sitio donde lo espantaron. Donde principio y fin son iguales cuando son dos. Para uno solo, no es principio ni fin.
images (5)El pretendiente quedó sorprendido. Se le antojaba que era una proposición muy difícil de cumplir y creyó que con seguridad perdería a la muchacha. Mientras caminaba aflijido, escuchó el grito de un cuervo cuya voz le recordó a la de su abuelo, un gran guerrero que seguro ahora seguía peleando y cazando en el interior de las montañas.
El joven se detuvo y no dejó de sorprenderse cuando escuchó de la popia boca del cuervo estas palabras:
-Toma esta piedra mágica. Es la piedra negra de los cuervos, que ha sido mojada en sangre virgen. Ella te hará invisible y te permitirá escuchar lo que otros te ocultan.
Dicho esto, el cuervo desapareció de un soplido y el joven, con la piedra negra en la mano, se acercó sin ser visto al lugar donde trabajaba el Challafe, quien murmuraba en tono burlón:
-Ese muchacho nunca encontrará la respuesta a la adivinanza. No podrá saber que es el Pudú, el ciervo pampa, quien recorre doce veces un círculo cuando lo persiguen y regresa al sitio donde lo asustaron. Por eso, es fácil cazarlo entre dos; mientras uno lo persigue, otro lo espera oculto.
Revelado el enigma, el joven mapuche cazó un hermoso Pudú empleando las artimañas del viejo.
Al día siguiente, cuando el pretendiente se presentó con el regalo, el viejo alfarero se sorprendió e irritó, pero dominando su enojo le dijo:
-Era en realidad una adivinanza fácil. Veremos si resuelves ésta: “Corre mulita en cancha pareja. Clava la uña y para la oreja”.
El joven se metió en el bosque, tomó su piedra negra y regresó sin ser visto. El malvado alfarero murmuraba entre dientes:
-Nunca se dará cuenta de que la “mulita” es la piedra que corre sobre el molino triturando el grano y que en el final de su camino muestra su borde más alto, como unas orejitas.
Al otro día el pretendiente llegó con su respuesta que dejó perplejo al alfarero.
El viejo colérico rugía como un tigre y gritaba como una urraca. Pero no se amedrentó ante esto y sin ocultar su enojo, le dijo:
-Hasta ahora han sido solo chistes. A partir de este momento debes solucionar cuatro adivinanzas al mismo tiempo:
-La primera es: “Por fuera es dura pero al golpearla se abre y empieza a fluir. Es bien parecida al caballo del Gran Amo del cielo azul”.
-La segunda es: “Corre, corre cambiando de colores. Pero si Antü la ilumina o Küref le echa el aliento, se muere. Malvado el viento”.
-La tercera dice: “Apenas arrancada a la madre, vuelve a ella, más blanda, diez veces más voluminosa, pero huyendo de la luz y temiendo al viento. Muchos colores tiene la madre, ya separada de la guagua está”.
-Y la cuarta: “Golpes recibió y la rabia la pateó, transformándola en víbora. ¡Y qué víbora, ayayay! Se tornó roja, luego, blanca, después de haber sido encarnada, el zumo la hizo negra y blancas lágrimas llora, porque blanco tomó que luego se ennegreció”.
-Antes de que el sol señale el mediodía espero tu respuesta -dijo el alfarero, y luego masculló para sí-: … y por fín serás un perro muerto.
El cruel Challafe se paseaba orgulloso de su viveza y se alegraba por anticipadoimages (2) de la segura muerte del pretendiente.
Sin embargo, un rato más tarde su corazón se le arrugaba y temía que el joven tuviera algún poder especial, sin sospechar siquiera de la piedra mágica de los cuervos.
Poco antes del mediodía el pretendiente se presentó ante el Challafe que estaba acostado mirando hacia el cielo, como indiferente; su sonrisa denotaba un placer burlón y deseo de venganza.
Cuando escuchó al joven tan contento, de estar parado se hubiera caído de espaldas, pero como estaba acostado, se sorprendió casi sin moverse, pero sintió el gusto horrible que le produjeron las palabras del joven:
-La respuesta a la primera adivinanza es: la roca. Dura por fuera, pero que al ser golpeada se rompe y desmenuza, y deja salir la arena con pajuelas de oro. Brillan al igual que el caballo de nuestro amo supremo que cabalga en el cielo azul.
El viejo se revolvió en su catre;
-La segunda adivinanza es demasiado sencilla: cuando hablas del agua que corre y cambia de colores, es la que empleas para amasar la arcilla. El agua no debe ser iluminada por Antü ni lamida por el feroz Küref, es decir, no debe ser tocada por el sol ni el viento frío, porque pierde la fuerza de cohesión. Y cambia de color si la sacas de una ensenada y no del agreste torrente, donde corre el agua, perezosa y clara, y deja ver el fondo sobre el que descansa la arcilla, tibia y transparente.
La cara del viejo se puso pálida primero, roja y negra después. Parecía hechar humo por la boca. El joven continuó:
-La tercera adivinanza también tiene tus secretos le sacas una parte a la madre tierra, la mezclas con arena y agua tibia, y la dejas crecer diez veces sin ser todada por la radiante luz del sol ni por el helado viento. Y “La guagua separada de su madre” quiere decir que has trabajado la masa en las tinieblas, en las orillas del río y mezclándola con sangre le diste el color de la madre tierra. Usaste sangre humana, Challafe.
El viejo alfarero parecía un pato atragantado. Casi no respiraba. Con una nueva sonrisa, el muchacho concluyó:
-La cuarta adivinanza revela todo tu secreto: sobre piedras golpeas, amasas y sobas la mezcla; y luego con los pies, la pisas para trabajarla mejor. Así la terminas de afinar. Le das forma de larga serpiente y con ella modelas los cacharros que el vivo fuego enrojece, blanquea y ennegrece.  Finalmente, los cubres con leche, y al hervirlos, cuando sus blancas lágrimas desbordan por sus costados le dan brillo y firmeza. De esta manera se endurece la sangre del hombre en la larga serpiente que se ha convertido luego en cacharro de arcilla de muchos colores: encarnados, amarillos, negros y blancos. Como puedes comprender ahora que sé tu secreto yo podría ser un gran alfarero pero no temas, no deseo realizar tu oficio, y como soy rico mi esposa tendrá una vida agradable.
Así, el joven pretendiente llevó a su hermosa compañera hasta su cabaña. Debiópareja dejar animales y muchos regalos de gran valor pero se sentía muy feliz de casarse con la mujer que había elegido. El viejo alfarero enojado y desconcertado al fin se tranquilizó pues sabía que sus secretos estaban a resguardo.

Investigadores de la tradición mapuche:
Bertha Koessler-Ilg y César A. Fernández
Compilador: Nerio Tello.

palabras mapuche

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