El paseo de la Luna y la Nube del Atardecer

tapú

El origen de la yerba mate

Mbo Pikuá, el cazador, venía siguiendo a un yaguarí. No le había perdido el rastro desde que sus gruñidos lo habían despertado esa mañana. Después de obligarlo a un laberíntico recorrido por el monte toda la tarde, la pista del corpulento felino lo había llevado adonde lo descubría ahora, a cierta distancia, agazapado sobre la rama de un ñandubay.
Mbo preparó el arco. Se acercó con sigilo, como una niña a una mariposa. Podía verlo sin ser visto, ni olido. Por los movimientos era evidente que la fiera images (2)acechaba a una presa. Mbo no alcanzaba a verla, pero en el preciso momento en que el animal retrajo sus músculos para saltar sobre ella, él disparó su flecha. Saltó de la espesura al verlo caer. Un grito de mujer enmudeció el monte y los pájaros, sorprendidos, echaron vuelo. Mbo escuchó las voces agitadas.
-¡Creí morir bajo sus garras!
-Mira la flecha. Alguien no ha salvado.
-¡Vámonos!
Extrañado, bajó los pastizales hasta el lugar donde había caído el yaguarí sin imaginarse lo extraordinario que sería todo a partir de aquel momento. Al descubrir los rastros de pies femeninos, intrigado, los siguió hasta que las huellas desaparecieron por completo. Decidió continuar, muy cerca se  veía una cascada, y allí tras la neblina húmeda del monte le pareció ver a dos mujeres.
-Allí viene. Espera…-decía una.
-¡No, ningún ser humano debe vernos! -dijo la otra.
Vestían túnicas de fibras de caraguatá, ajustadas en la cintura. Sus cabelleras eran largas y sedosas. Corrieron hasta desvanecerse en el paisaje selvático.
-¡Falta que nos descubra tu padre! – fue lo último que escucho el cazador, que avanzando hacia ellas, pegó su cabeza contra una gran rama.
Mbo Pikuá era muy bueno en su oficio. Un gran cazador, pero algo exagerado. Así les pareció a los de su aldea cuando regresó con aquel enorme felino y la historia de las dos mujeres. Algunos comentaban que el golpe en la cabeza lo había afectado.
Sin entender porqué el decir la verdad podía ser tomado tan mal, Mbo decidió callarse y olvidar el asunto que nada útil le reportaba. Él no creía en aquello de que los espíritus del bosque se comunicaban con los hombres. Una noche en que por fin había logrado dormirse sin esfuerzo, vio a aquellas dos mujeres de la cascada entrar en su sueño. Una de ellas le dijo:
-¡No temas, Mbo Pikuá! Somos nosotras, Yací y Arai, las que salvaste del yaguarí hace unos días. No tuvimos más remedio que escapar sin dejarnos ver, pero hemos vuelto para darte las gracias…
Ambas estaban tomadas de la mano y como flotando en el aire. Mbo comprendió en ese instante que eran diosas y, con mucha humildad, les pidió que le explicaran la razón de su presencia.
-Teníamos deseos de conocer tu mundo, Mbo -dijo Yací, la Luna-. Salvo los enormes torrentes, las tierras rojas y la vastedad de los montes, no sabíamos nada de la selva…
Arai, la Nube del Atardecer y yo decidimos  bajar a la Tierra en forma humana, fue el día que nos conociste. Ello nos significó dejar de lado nuestros poderes.
 Descubrimos entusiasmadas, las orquideas dormidas, el tejer mudo de la araña, las maravillas del monte, el tornasol del picaflor, el perfil de los helechos, el picoimages (1) brillante del tucán, el arco iris reflejado en la cascada. Disfrutamos del perfume de cada flor, saboreamos las delicias dulces y ácidas de los frutos y el frescor de las aguas de la cascada. En ese momento apareció el yaguarí que nos amenazaba. Cerramos los ojos para no ver, sentimos un silvido, era la flecha de tu arco, que oportunamente nos salvó la vida.
-¡Cuidado! ¿Es Tupá! -dijo apresurada Arai.
Ambas diosas se disiparon por un tunel de luz y Mbo Pikuá no pudo dar fin a su sueño.

Mbo mantuvo su secreto. Un día, bebiendo con un desconocido, la lengua se le soltó y contó que dos diosas habían entrado en su sueño.
-Veo que cazar un simple yaguarí te ha traído muchos problemas, Mbo Pikuá, y algunos de los tuyos te creen un charlatán, – le dijo el otro, a quien el cazador no recordaba haberle dicho su nombre-. Pero de alguna manera tendremos que recompensarte.. Así que ahora te contaré yo una historia. Resulta que Tupá, enojado por la desobediencia de Yací y Arai, les había querido dar una lección y les mandó el yaguarí, pero al ver que éste podía hacerles daño, decidió mandarte a ti para salvarlas.
-¿A mí?
El desconocido asintió y le preguntó sonriente:
-¿Acaso hay algún otro que tenga tu puntería?
-No te creo – dijo Mbo.
-Soy Tupá.
-Te estás burlando…
-… en mi forma humana.
-¿Y esto quién me lo creerá?

Llegando el amanecer los despertaron los gritos de entusiasmo de algunos que pasaban cerca de su choza. Intrigado Mbo Pikuá los siguió hasta un claro. Todos estaban allí, encabezados por un anciano rodeado de niños, que examinaban un par de árboles chatos y de hojas dentadas, que nunca nadie había visto antes. Mbo preguntó y alguien le respondió que las plantas habían brotado en la noche. Nuevamente se sintió tentado de contar su charla con el desconocido pero optóPIE por guardar silencio. Entonces alguien dijo:
-Sólo puede ser obra de Tupá. ¡Y en el mismo sitio donde Mbo Pikuá cazó al yaguarí!

Leyenda Amerindia.

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