El barbero loco

ALQUIMISTA

En la época de Rodolfo II de Habsburgo, su corte se había transformado en la meca de magos, alquimistas, científicos e inventores de toda Europa.
Si alguno de ellos lograba llamar la atención del soberano con sus proyectos y escritos, el Rey ponía a su disposición todos los recursos económicos necesarios para que siguiera con sus investigaciones, además de permitirle pleno acceso a los salones y bibliotecas de la Academia de Alquimistas Praeguensis.
En la calle Karlova, que daba al puente Carlos, vivía Jan Hajeck, un barbero por el que sus vecinos sentían respeto y aprecio; su habilidad para realizar sangrías había salvado la vida a más de uno de ellos. Pero ninguna sabía nada de su amor por la alquimia ni de que, a la noche, después de cerrar su tienda, Hajeck se encerraba a estudiar los misterios de las ciencias, pues aspiraba conocer los secretos de la piedra filosofal y luego ofrecer sus conocimientos al Rey.
Pasado un tiempo Jan dejó de frecuentar a sus amigos y la taberna. Los secretos ocultos del universo absorbían todas sus horas.
images (1)La barbería tenía las puertas cerradas días enteros. Y extraños sonidos y luces se veían  en ella por la madrugada. 
Los clientes, antes tan asiduos, se fueron alejando.  El rumor de que el barbero había perdido su juicio se extendía más y más.
Jan estudiaba y estudiaba. Dejó de comer y dormir. Muy pronto no tuvo dinero. Los pocos amigos que se acercaban a su barbería se cansaron de golpear la puerta. No atendía.
Una noche, muy oscura, la puerta de su tienda se abrió. El barbero llevaba en su mano una navaja. Sus ojos buscaban un cliente y al ver un hombre que caminaba rumbo a su hogar le dijo:
-¡Por favor! Déjame afeitarte, necesito una moneda que me permita continuar estudiando.
El hombre, corrió convencido de que Jan estaba totalmente loco y lo quería matar. Jan buscó a otro transeúnte y su suerte fue la misma. Insistió durante toda la noche en su afan de conseguir algo de dinero. Esa fue la última vez que se lo vio con vida.
Aun hoy, en la calle Karlova, cuentan que vaga en la noche el espectro de Jan, el barbero. Con su navaja en mano ruega a quienes caminan por allí, que se dejen afeitar. La leyenda afirma que si alguien se lo permite, la maldición que lo acompaña cesará y entonces podrá descansar definitivamente en paz. images (3)

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