Martín Krpan

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Martín Krpan era el hombre más fuerte de Eslovenia.
Un día, en un camino muy angosto, se cruzó con el Emperador Janez, que viajaba hacia Trieste. Para que la carroza pudiera pasar, Martín levantó su yegua, cargada con muchas bolsas de sal de Inglaterra que llevaba de contrabando… Ni Janez ni sus acompañantes, muy impresionados por su fuerza, sospecharon qué había dentro de los bultos.
Tiempo después, un terrible gigante llamado Bardávs llegó a la ciudad de Viena. Muchos valientes caballeros lo enfrentaron, pero murieron en sus manos. ¡También el hijo del rey! Toda la ciudad temblaba, sin saber cómo se iba a librar de su enemigo.
Entonces el Emperador recordó a Krpan y, pensando que él podría acabar con  Bardávs, lo mandó buscar.
Cuando el campesino llegó a Viena fue recibido con gran alegría y le dieron muchas cosas ricas de comer, para que estuviera más fuerte que nunca en el momento de la pelea. Pero cuando revisó las armas y los caballos del Emperador, nada le pareció bueno. Y exigió montar su propia yegua, que había quedado en Cima.
Mientras esperaba que se la trajeran, Krpan se puso a fabricar un hacha enorme; utilizó el tilo preferido de la Emperatriz para ponerle mango y, con la madera sobrante, se hizo un gran garrote.
Los días pasaban y muchos vieneses, incluido el Emperador, empezaban a pensar que la pelea nunca se haría y que Krpan solo buscaba excusas para no enfrentar a Bardávs, mientras seguía pasándolo muy bien en la corte.
Bardávs, por su parte, no tenía ningúan temor. ¿Iba a ser vencido por alguien que no sabía nada de combates, cuando no habían podido con él ni los mejores hombres de Janez?
Por fin la yegua llegó a Viena. Martín la montó y, con las armas que había hecho, marchó al encuentro del gigante.
Bardávs estaba seguro que iba a triunfar con la misma facilidad de siempre y lanzó el golpe mortal con el que antes había liquidado a tantos. Pero su espada se incrustó en el garrote de tilo y, antes de que pudiera soltarla, Krpan le dio un certero hachazo y acabó con él.
Como premio por haberlos librado del gigante, el Emperador le ofreció al campesino la mano de su hija; pero la reina, que no le perdonaba la pérdida de su querido árbol, se opuso. Hubo muchas discusiones para ver qué recompensa le darían, hasta que Krpan pidió un permiso para comerciar con la sal sin que se lo viese como un bandido.
El Emperador concedió el permiso que le solicitaba Krpan y también lo obsequió con una bolsa de dinero; luego, ambos se despidieron como buenos amigos.

Fran Levstik
(leyenda Eslovena)

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SELLOZZ

FRAN LEVSTIK

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