Fantasmas en El Paraíso

 

portada cuento de Graciela Cabal

En “El Paraíso” hay fantasmas.
“El Paraíso”, sí, la gran casa de Manucho, el escritor, allá en las sierras de Córdoba.
Uno de los fantasmas, viejo conocido de la gente del lugar, es alto, va vestido de franela gris y acostumbra a llevar en la mano una tacita de té, como corresponde a un auténtico inglés.
Tiene blancos el largo pelo y la larguísima barba, amable el gesto y vacilante el andar.
No es difícil encontrarlo en las terrazas que rodean las habitaciones, curioseando a través de los ventanales, o mezclado con los turistas que recorren la casa, abriendo grandes los ojos y pegando grititos de admiración -¡ah! ¡oh! ¡uh!- frente a la regadera de plata con la que bañaban a la vieja señora, el caballo de calesita o el hombrecito del azulejo…

(-¿¿El hombrecito del azulejo, dice?? ¿El famoso hombrecito que fue capaz de ganarle a la Muerte?
-El mismísimo… Pero silencio, que ése es otro cuento).

Hace unos años, cuando “El Paraíso” era una fiesta, el escritor -gran señor de capa, sombrero, bastón y perro de largo hocico -varias veces lo encontró al fantasma.
Y claro lo reconoció enseguida, habituados como estaban los ojos del escritor a mirar más allá de las apariencias. Aunque la verdad, el primero en advertir la presencia del fantasma fue “Cecil”.

(-¿”Cecil” el perro, dice? ¿El que sabía leerle los pensamientos al escritor?
-Ajá…Pero ¡shhh!, que ésa es otra historia…)

Cuentan que antes de volverse fantasma, el inglés vivía en una casa de la que todavía quedan restos, más arriba de “El Paraíso”
Cuentan que la muerte le llegó adentro de una tacita de porcelana, y que fue la propia esposa inglesa la que echó las gotas de veneno.
Cuentan, cuentan…
Pero es tan fantasiosa la gente del lugar…

Últimamente a algunos se les ha metido en la cabeza que el fantasma del inglés ya no anda solo.
Dicen que otro fantasma lo acompaña.
Un fantasma más reciente, de capa, sombrero, bastón y perro de largo hocico (¿o alguien dudaba de que los perros también se hacen almitas?)
Dicen que los dos fantasmas -perdón, los tres- recorren los bosques enmarañados que suben desde la casa, bordean el lago verde, se pasean bajo las bóvedas de los árboles, deteniéndose cada tanto para hablar mejor, como hacen los viejos (también los viejos fantasmas).
Dicen que adelante, con aires de gran señor y andar seguro de dueño de casa, va el de la capa. Junto al de la capa, el perro. Y un poco más atrás, el inglés de la tacita venenosa. Dicen, dicen…

Sí, ya sé que la gente del lugar es novelera.
Pero yo, que lo conocí al escritor -y a “Cecil”- cuando “El Paraíso” era una fiesta, creo que están diciendo la purísima verdad, qué quieren que les diga…

Graciela Beatriz Cabal

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SELLOZZ

GRACIELA BEATRIZ CABAL

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