Las noticias y la miel

corona7Un día el rey se quedó sordo. No como una puerta, sino como una ventana, de dos hojas. Oía todo del lado izquierdo, del derecho no oía nada.
La situación era incómoda. Sólo atendía a los Ministros que se sentaban de un lado del trono. A los otros, ni les respondía. Y aun de mañana, si el gallo cantaba del lado equivocado, su majestad no despertaba y pasaba el día entero durmiendo.
Fue cuando mandó llamar al gnomo del bosque, y el gnomo, obediente, apareció en la corte. Llegó volando con sus alitas, tan pequeño que, aunque todos estaban avisados de su llegada, casi lo confundieron con un insecto cualquiera.
Llegó y enseguida se entendió con el rey, estableciendo un trato. Se quedaría viviendo en el oído derecho y repetiría para adentro, bien alto, todo lo que oyese allí afuera. Por tener alas, podría, si lo deseaba, aprovechar su parentesco con las abejas para fabricar, en el oído real, alguna cera y un poco de miel.
El trato funcionó a las mil maravillas. Todo lo que el gnomo escuchaba lo repetía en voz bien alta en las cavernas de la oreja, y el eco y la voz del gnomo llegaban hasta el rey, que pasó a entender como antes, de ambos lados.reysordo
Corrió el tiempo. Rey y gnomo, así tan cercanos, cada día se fueron haciendo más íntimos. Ya uno sabía del otro, y era con placer que el gnomo gritaba, y era con placer que el rey oía el zumbidito de las alas atareadas en fabricar cera y miel. Una cierta dulzura comenzó a esparcirse del oído real a la cabeza, y el rey se fue poniendo, de a poco, más bondadoso.
Un cierto cariño se fue esparciendo de la caverna real al gnomo y él se fue poniendo, de a poco, más bondadoso.
Esa fue la causa de la primera mentira.
El Primer Ministro dio una mala noticia en el oído izquierdo, y el gnomo por no querer entristecer al rey, le transmitió una buena noticia en el oído derecho.
Fue ésa la primera vez que el rey oyó dos noticias al mismo tiempo.
Fue ésa la primera vez que el rey eligió la mejor noticia.
Después hubo otras.
Siempre que se decía algo malo al rey, el gnomo lo transformaba en algo bueno. Y siempre que el rey oía dos noticias elegía la mejor.
De a poco el rey fue dejando de prestar atención a aquello que le llegaba del oído izquierdo. E incluso de mañana, si el gallo cantaba de ese lado y el gnomo no
no repetía el canto del gallo, Su Majestad se olvidaba de oír y continuaba durmiendo tranquilo hasta ser despertado por el llamado del amigo.

gallocantandoLa miel chorreaba de un lado. Del otro llegaban las preocupaciones, las penas. Todos los malos vientos parecía que soplaban a la izquierda de su cabeza. Pero el rey había probado la miel y la dulzura y eran ahora más importantes que cualquier noticia. Entregó el trono y la corona al Primer Ministro. Después llamó al gnomo junto a su boca y le murmuró bajito la orden. Obediente, el gnomo voló al lado izquierdo y, aprovechando su parentesco con la abejas, fabricó algo de miel y abundante cera, con la que tapó para siempre los oídos del rey.

Marina Colasanti

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